Sitio desarrollado por
SISIB
Universidad de Chile

 


REVISTA CHILENA DE TERAPIA OCUPACIONAL [ Nº 8, diciembre 2008 ]
Escuela de Terapia ocupacional / Facultad de Medicina - Universidad de Chile

¿Que significado le asignan un grupo de mujeres a las actividades para sí mismas?

 
  Marco conceptual

La ciencia de la ocupación y su practica parten de la premisa que el ser humano es un ser ocupacional, que tiene la capacidad de utilizar la actividad con propósito como medio hacia la comprensión del sentido de su vida[3]. Wilcock refiere que el ser humano posee una necesidad de ocuparse, hacia la satisfacción de tres funciones principales que ésta le brindaría: “1) proveer necesidades corporales inmediatas de sustento, autocuidado, refugio, y seguridad; 2) desarrollo de estructuras sociales y técnicas, y tecnología apuntada a la superioridad sobre predadores y el medioambiente; 3) ejercicio y desarrollo de las capacidades personales permitiendo al organismo ser sostenido y crecer[4] Estos aspectos resultan coherentes con el objetivo de este trabajo ya que la mujer Chilena y Latinoamericana han ido evolucionando en distintas ocupaciones, pero estas ocupaciones, ¿nacen de satisfacer sus propias necesidades o están determinadas por el contexto histórico y cultural en el cual están inmersas? Por esto es necesario realizar una revisión de cómo la mujer en el ámbito latinoamericano ha ido determinando sus ocupaciones, como el género, la edad, incluso la raza nos ha determinado para cumplir ocupaciones que están casi siempre en relación a los otros.

Desde la época de la colonia las mujeres blancas realizaban funciones diferentes en contraste con las indígenas, negras, y mulatas.[5]

Las primeras se quedaron el hogar con el objetivo de criar a los hijos, reproduciendo de esta manera el sistema colonial.

Los matrimonios eran un rito sin amor ni consenso. Solo garantizaba la descendencia y la herencia a los hijos legítimos, continuando con el sistema patriarcal.

Las separaciones eran infrecuentes en las familias españolas y criollas. Había que mantener una imagen externa de matrimonio feliz y permanente.

La mujer soltera que pasaba los 25 años, era relegada a la casa paterna o a la de una hermana para cuidar sobrinos o ancianos.

La sexualidad de la mujer fue construida por la Iglesia Católica, solo dentro del matrimonio era permitido y siempre con el fin de la procreación.

Los valores de la mujer blanca, desde la óptica masculina, estaban puestos en su belleza, su condición de madre y fiel esposa.

La mujer negra impuso otras características, dio la fuerza del trabajo; estaba destinada a la minería y plantación: Recién a fines de la Colonia se ocupo esencialmente de las tareas domesticas en las casas señoriales.

Para comprender la historia de la mujer en Latinoamérica, tenemos que analizar las características de la mujer indígena, las costumbres, la moral, la manera de subordinarse al hombre y la participación en el trabajo comunitario.

- Descendencia matrilineal, oponiéndose al tipo de familia patriarcal impuesto por la colonia.
- La mujer aborigen producían lo que consumían.
- Una mujer soltera podía tener uno o más hijos, sin tener mayor dificultad en encontrar un compañero, ellas podían usar su cuerpo libremente, a diferencia del concepto de virginidad europeo.

Durante la Colonia[6] se va conformando el ideal machista, acerca de cómo debía ser una mujer: delicada, femenina, necesitada de protección, madre ejemplar esposa sumisa y sobreprotectora de los ancianos. Con esta concepción aparece una subcultura femenina de adaptación y dependencia, fortaleciendo el sistema patriarcal.

La mujer en el Chile de hoy según Sonia Montecinos, antropóloga, en entrevista al Diario el Mercurio[7] señala. “Para las mujeres la identidad no es un problema, entendiendo que las mujeres veían la identidad materna como algo completamente asumido: su destino era ser madre. Pero en el momento en que la mujer chilena se incorpora al trabajo, se amplían las responsabilidades de identidades. Las mujeres ingresan al espacio de lo publico pero no hay una transformación social de esos espacios”. Esto coincide con lo investigado en el sentido que las mujeres que trabajan fuera de su casa, reconocen que no reciben mas ayuda o no comparten la responsabilidad del hogar los otros integrantes de la familia, una de nuestras entrevistadas dice: “si yo le pido a mi mamá que se quede con mis niños porque tengo que ir al doctor, me ayuda, si le pido lo mismo porque tengo una fiesta me pone mala cara”.

Mas adelante dice: “El mundo de lo domestico está desvalorizado y lo que se valora es el mundo de lo publico, entonces la identidad se construye en el mundo de lo publico.”Una de nuestras entrevistadas nos comenta: “si mis jefes me pide que llegue mas temprano o que me quede hasta mas tarde, yo no tengo ningún problema. Mi hijo me reclama, … pero soy trabajolica.”

Las mujeres justifican la permanencia en el ámbito de lo domestico. Con la idea de dar afecto, de que el trabajo en casa es una manera de expresar afecto. Cocinar, planchar, lavar, tiene una dimensión afectiva para la mujer.” De esta perspectiva podemos decir que la mujer en la medida que se va incluyendo en actividades laborales siente que deja de aportar en al ámbito familiar, la mujer se ve inmersa en dos mundos, y es en estos dos mundos donde tiene que responder, cumplir y mediar, en desmedro del tiempo disponible para buscar las formas más apropiadas de satisfacer sus propias necesidades.

El prototipo de mujer latinoamericana se fue conformando desde hace quinientos años hasta la actualidad. Dentro este prototipo de mujer, las ocupaciones que se han ido adquiriendo están compuestas de forma, función y significado las cuales se encuentran dentro de un contexto temporal y socio cultural que las determina.

Desde sus estudios e investigaciones, Larson, Wood y F. Clark[8], concluyen que el concepto de ocupación es el resultado de la interacción de tres elementos que la componen: entendiendo como forma a un sistema objetivo de circunstancias, independiente y externo a una persona. “La realidad sociocultural de una forma ocupacional depende del consenso del grupo, pero este consenso es rara vez unánime, mas aun, el individuo que se enfrenta a una forma ocupacional puede o no estar familiarizado con sus normas y procesos socioculturalmente definidos”[9]

Se entiende la función; como el hacer, la acción, el comportamiento activo o las respuestas activas exhibidas en el contexto de una forma ocupacional.

Y el significado, concepto relevante para nuestro estudio, nace desde cómo se realiza la actividad hasta cual es la importancia que la persona le asigna a la actividad según la vivencia de ésta, el termino significado se utiliza para etiquetar la interpretación individual de una forma ocupacional, se refiere al sentido perceptivo como también a las asociaciones cognoscitivas propias de cada individuo. El significado es uno de los elementos que más caracteriza el concepto de ocupación y se relaciona con la potencialidad saludable de la realización. Dentro de este aspecto el significado, de la ocupación se define como “la experiencia subjetiva de la participación de ocupaciones”[10] donde se involucran diversos factores que caracterizan este concepto y que han sido objetos de estudio en diversas investigaciones, factores tales como: relación de significado e identidad, la influencia del contexto social y cultural en el significado, la capacidad de elección de la actividad, entre otras.

La posibilidad de desarrollar actividades con significado se relaciona con un aumento del bienestar y de la calidad de vida, estos quehaceres deberán dirigirse a la satisfacción de necesidades tanto básicas, sociales y también personales. Pero ¿qué sucede cuando las ocupaciones que se realizan están dirigidas, la mayor parte del tiempo, hacia “otros” y no se realizan actividades orientadas hacia sí mismo? ¿Cuales son las consecuencias de una ausencia de quehaceres que se encuentran fuera del tiempo de las actividades “obligatorias”, tanto como el trabajo o la administración del hogar?.

Esta es una situación que se encuentra muy presente en la mayoría de las mujeres de Santiago que trabajan, realizan los quehaceres del hogar y además cumplen con su función de madre. En un reciente estudio, realizado por Adimark, la Clínica Las Condes y Comunidad Mujer[11] llamado “Distribución de Roles y Stress” arrojó que el 60% de las mujeres santiaguinas se sienten estresadas por su carga de responsabilidades, demostrando que solo el 47,6% de ellas percibe que le dedica menos tiempo de lo que quisieran para realizar actividades para sí mismas, ya que sus prioridades en cuanto a los quehaceres se centran principalmente en el trabajo, en el cuidado de los hijos, en los quehaceres del hogar y en el cuidado de otros, tales como madre o padre, dejando en ultimo lugar un espacio para el beneficio y crecimiento personal. Otra conclusión que también afirma esta realidad es que una de las actividades que las mujeres encuestadas refirieron que les proporcionaba satisfacción era “estar solas”, es decir, tener algún tiempo sin tener que ser responsable de otros. El 67,3% refirió sentirse responsable de “todo” y el 60% sentirse estresadas por esta situación. Como podemos ver nos encontramos frente a una realidad potencialmente y quizás en la mayoría realmente, perjudicial para la salud, bienestar y calidad de vida de estas mujeres.

Frente a esta situación buscamos conocer:

- Cual será la percepción de estas mujeres de las actividades para sí mismas, queremos saber si ellas pueden elegir el realizarlas o no, y que factores influyen o determinan esta situación. Y principalmente si esto se ve reflejado en la calidad de vida de estas mujeres y sus familias.

Si bien, en el ámbito individual aumentan la cantidad de factores que influyen en esta situación, también existen factores generales que se expresan a nivel personal en la vida de cada una de estas mujeres y que desencadenan esta suerte de privación de actividades para el beneficio y crecimiento personal. Estos factores generales pueden ser tanto económicos, socio-políticos y/o culturales y podrían afectar en la elección de las ocupaciones así como también las máximas satisfacciones de la vida, tales como el desarrollo personal, el uso de las propias potencialidades y la auto-realización (necesidades de auto-realización según Maslow.) En este caso podemos ver, que se expresa fuertemente una influencia cultural sobre las funciones divididas en género, donde el hombre es responsable principalmente del trabajo y sustento económico, y la mujer del cuidado del hogar y los hijos. Frente a esta situación la mujer ha buscado una igualdad de derechos y oportunidades, esto se ve expresado en que cada año aumenta el porcentaje de mujeres que se insertan activamente al mundo laboral, pero sin dejar de lado su “otras responsabilidades culturales”, hecho que se manifiesta que en un 60% de las mujeres que se encuentran dentro de esta realidad se perciban estresadas, afectando negativamente su salud y calidad de vida. Como podemos darnos cuenta, este impacto negativo de la salud y el bienestar no se relaciona directamente con alguna patología orgánica, sino más bien con factores de riesgo ocupacional, tales como la privación, la marginalización o alienación ocupacional, construyendo así un desbalance o desequilibrio ocupacional que disminuiría la sensación de salud y bienestar de estas mujeres.


Abstract\Resumen | Introducción | Marco conceptual | Metodología | Conclusiones | Referencias bibliográficas | Bibliografía complementaria | Versión completa (para imprimir)