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Se pudo corroborar a través de la triangulación de los datos cualitativos y cuantitativos un resultado bastante coincidente. A pesar que los resultados obtenidos en en el test, en lo referente a los items de “responsabilidad y de autoestima general”, en los cuales el mayor puntaje se obtuvo dentro de rangos aceptables , y en los demás ítems evaluados los valores se ubicaron en rangos inaceptables, lo cual queda reafirmado con los datos cualitativos encontrados . Algunos ítems que el test evalúa se relacionan principalmente con la autopercepción que el individuo tiene de sí mismo, es así que en las entrevistas que permitieron una mayor profundidad se pudo encontrar que los adolescentes se percibían como “responsables” de sus conductas tanto negativas como positivas. Ellos saben que las conductas están erradas y que deben hacerse responsables de ellas, pero es importante tener en cuenta que el entorno en el que se desarrollan, la aceptación de los errores es concebida como inadecuada “socialmente para el grupo”. Por lo tanto los códigos son altamente condicionantes de las conductas y elecciones.
Se pudo observar claramente, durante el desarrollo de los talleres como el grupo actúo como contenedor y controlador, así como es de importancia resaltar la incorporación de la actividad como ordenador, con reglas propias y procesos que cumplir y respetar para llegar a un producto final, lo que colabora de forma fundamental a evitar el confrontamiento negativo, así como la generación de límites claros y control de la conducta. Durante el transcurso de los talleres se observó que con las actividades y los refuerzos positivos los adolescentes han logrado mejorar la disciplina, reforzar comportamientos como el autocontrol y la autoestima. Se destaca así la importancia de la actividad desde una mirada terapéutica y de promoción de resiliencia en sí misma ya que devuelve al actor una retroalimentación de logros, errores o no, que requieren de modificaciones o reafirmaciones a nivel de las habilidades en particular y de la conducta en general.
Con esta estrategia se esta generando una situación nueva desestructurado la “autovaloración negativa” de los adolescentes hacia sí mismos y hacia los demás. .
Es importante tener en cuenta que el buen comportamiento no es bien visto por sus pares y por otro lado tampoco es recompensado por sus padres. El adolescente problema es el que obtiene “toda la atención” de las personas del entorno y esta situación sirve como estímulo que retroalimenta esta situación. Sin embargo es importante rescatar que durante la intervención de los talleres la valoración positiva desestructuró primero al grupo y posteriormente lo reestructuró apropiadamente. Sería sumamente beneficiosos lograr que esta “incursión momentánea” sea “aprehendida” y posteriormente extrapolado a la vida cotidiana.
Existe un interés manifiesto de los adolescentes por cambiar su modo de actuar, por mejorar e incluso por desarrollar “apego”, y buscar modelos conductuales adecuados. Con esta estrategia se pone de manifiesto también en las diferentes actividades que se realizan el “el refuerzo positivo”, y la cordialidad, elementos sumamente necesarios en este grupo particular que por lo general se maneja siempre a través de cánones de violencia verbal y física, así compresión y refuerzo negativo, producto de la falta de control interno y de autoestima.
Por lo que se ve pertinente que este modelo de intervención debería ser aplicado para formular un programa a largo plazo y que tenga como finalidad generar “adolescentes multiplicadores” de nuevos cambios en las pandillas de este barrio. Sin embargo el éxito del programa estará supeditado a la paciencia, a la continuidad y al desarrollo de una red coordinada dentro y fuera de la institución.
Se toman como referencia las palabras de Bandura; “…las personas aprenden qué hacer y cómo actuar observando a los demás. Y las conductas se refuerzan por las consecuencias positivas o negativas, según las capta el aprendiz (Bandura,1977b). Además, la retención de conductas puede ser enriquecida por medio de ensayos: “cuando las personas ensayan mentalmente o realmente ejecutan patrones de respuesta modelada, hay menos probabilidades de que los olviden, que cuando ni piensan sobre ellos ni practican lo que han visto” (ibid).
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